El Arte de Sevilla
Written on Febrero 9, 2010 at 12:25, by laporta
Las manifestaciones artísticas más antiguas de la ciudad, que se conserven bien, se remontan a la época musulmana. Del periodo califal cordobés subsisten -formando parte de la iglesia del Salvadorrestos de la- primitiva mezquita mayor, llamada de Ibn Adabbas (s. IX), como el patio y su alminar adjunto. Fueron los reyes de taifas y, especialmente, losinvasores africanos los que configuraron la ciudad del Guadalquivir. Durante la dominación almorávide se reconstruyen las murallas, vasto cinturón defensivo de la urbe musulmana, ampliado por los almohades (s. XII) y que finalizan en el bastión avanzado sobre el río, para defensa del puerto fluvial, conocido por Torre del Oro, obra almohade de planta dodecagonal (1220-21).
El Alcázar Real actual es el resultado, no muy feliz, de múltiples reformas, que abarcan desde su origen con los taifas, pasando por las obras almohades, para acabar con las cristianas. Del Alcázar Viejo almohade se conservan restos de murallas, algunas bóvedas en diferentes lugares y el bello patio del Yeso, de planta actual rectangular con una arcada lateral sobre columnas con capiteles califales y arcos de tipo mixtilíneo.
El palacio mudéjar de Pedro I está organizado respecto a dos núcleos presididos respectivamente por el patio de las Doncellas, destinado a la vida oficial, al que se abren los salones del emperador Carlos V, de Embajadores (1366) y Dormitorio de los Reyes Moros, y por el patio de las Muñecas, centro de las estancias privadas del palacio, con el Salón del Príncipe y el Dormitorio de los Reyes; la entrada se efectúa a través de la fachada (1364) abierta al patio de la Montería. Estos dos grandes núcleos se alterarían con las reformas y añadidos mudéjares y platerescos, principalmente bajo los Reyes Católicos, que levantaron su Oratorio privado con el bello altar de cerámica polícroma de Francisco Niculoso Pisano (1504), y en el reinado de Carlos I, durante el cual se construyeron varios salones y un bello pabellón en los jardines. El Alcázar Real, si famoso por su fábrica arquitectónica y por el variado tesoro artístico que guarda, no lo es menos por la belleza de sus jardines árabes, renacentistas y modernos.
Entre todos los vestigios musulmanes que todavía atesora Sevilla, ninguno tan unido a la ciudad como el alminar de su Gran Mezquita Mayor: la Giralda. De la antigua mezquita subsisten algunas galerías que configuran el actual patio de los Naranjos, adjunto a la catedral, en cuyo eje se abre la hermosa puerta del Perdón, almohade, de doble arco de herradura y hojas de alerce revestidas de bronce con labor almohade, y, en uno de sus ángulos, la puerta del Lagarto. La mezquita fue destruida en el s. XV para construir sobre su emplazamiento la catedral, pero conservándose casi íntegra la Giralda. Este bellísimo alminar almohade, cuya traza se debe a Ahmad lbn Báso, alarife mayor del sultán Abú Ya’qúb Yúsuf, es obra de Alí de Gomara coronada por Abul Layt el Siquillí (1198). Entre 1560 y 1568 se construyó el cuerpo de campanas por el cordobés Hernán Ruiz, arquitecto renacentista que supo armonizar ambos estilos, dando a la Giralda su aspecto definitivo tan popular y sugestivo.
Entre todos los monumentos cristianos, la Catedral es el más grandioso. En 8 jul. 1401, el cabildo catedralicio acuerda construir un templo tal «que los que lo vieren… los tuvieren por locos», y así lo hicieron. El gran edificio cristiano, únicamente superado por Sevilla Pedro de Roma y Sevilla Pablo de Londres, es un enorme rectángulo, de planta de salón con cinco naves y crucero, más capillas laterales; no tiene ábside, y su cabecera es sustituida por la fábrica de la Capilla Real, de planta cuadrada, obra ésta renacentista avanzada, de Martín de Gainza. La fábrica general de la catedral es gótica tardía, de pilares muy fasciculados, sin triforio y cubierta con bóvedas de crucería que se complican en los tramos próximos al crucero, cuyo centro está ocupado por un cimborrio, que sustituye al primitivo. Sus maestros principales fueron Simón de Colonia , Alfonso Rodríguez y Juan Gil de Hontañón . Aparte de la Capilla Real, cabe citar la Capilla Mayor con el maravilloso retablo, comenzado en 1482 por Pieter Dancart; la Sacristía Mayor, obra atribuida a Diego de Siloé , por lo que a su traza respecta, y probablemente decorada por Diego de Riaño , es una de las más bellas creaciones del Renacimiento español junto con la Sacristía de los Cálices y la Sala Capitular, de enorme planta elíptica, en la que intervienen los más afamadosmaestros arquitectos de la época como Siloé y Gainza. Toda la catedral es de por sí un verdadero joyel, pero aún lo es más por los tesoros de arte y piedad que cobija en todas y cada una de sus dependencias, especialmente en sus dos Sacristías. Obras de Roelas , Herrera el Mozo , Valdés Leal , Zurbarán , Pedro de Campaña , Luis de Vargas y otros muchos pintores nacionales y extranjeros están representadas en su magnífica colección de tablas y lienzos, además de obras escultóricas de Martínez Montañés , Jerónimo Hernández (m. 1586), Nufro Sánchez, Fancelli , etc., o joyas de orfebrería de Arfe y Alfaro.
Consolidada la Reconquista en Sevilla, una ingente actividad constructiva se despliega por todo el ámbito ciudadano, actividad que no se enlaza desde ningún punto con los presupuestos defendidos en la construcción de la magna obra catedralicia. Las iglesias de Sevilla Marina, Sevilla Marcos, Omnium Sanctorum, Sevilla Gil y Sevilla Catalina responden a un tipo constructivo basado en el ladrillo como material, y estructura en la que se entremezclan resabios tradicionales almohades, especialmente en lo decorativo, con inspiraciones góticas cistercienses. Son templos de cabecera gótica y nave cubierta con artesón mudéjar, a cuyos pies se suele ubicar una gran torre única, que lejanamente recuerda a la Giralda. Excepción interesante de este tipo es la iglesia de Sevilla Ana, en Triana, de tres naves muy elevadas y cubiertas con bóvedas de crucería (s. XIII-XIV).
Tras esta floración arquitectónica mudéjar, Sevilla conoce con el Renacimiento otra época de esplendor artístico. Monumentos civiles de la importancia del Hospital de la Sangre (s. XVI), en el que sobresale la iglesia trazada por Hernán Ruiz (1560); del Ayuntamiento, bella muestra plateresca de Diego de Riaño (v.; 1527-34); la antigua Universidad, y multitud de palacios y casas señoriales, como los palacios de Pilatos, Dueñas o los Pinelos (s. XV-XVI), en cuyos patios se conservan las estructuras y disposiciones típicamente mudéjares que han perdurado en Sevilla hasta etapas muy avanzadas. Obra igualmente renacentista, pero tan severa constructiva y ornamentalmente que parece no encajar en la estética sevillana, la Lonja de Mercaderes (1572-98), de Juan de Minjares según traza atribuida a Juan de Herrera , da carácter al centro urbano presidido por las moles de la catedral y del alcázar. Ninguna ciudad más propicia que Sevilla a las libertades imaginativas y formales, preconizadas por el movimiento barroco. Durante los s. XVII y XVIII, la ciudad evoluciona, al ritmo marcado por la arquitectura, y cambia su fisonomía hasta conseguir la que, más o menos, hoy presenta. No obstante estos cambios, sus arquitectos y artistas vuelven a utilizar técnicas casi olvidadas, como la del yeso y del ladrillo tallado, que se unen con otras nuevas para así enriquecer maravillosamente templos, palacios y toda clase de edificios con estucos, yeserías, mármoles y dorados. Imposible citar todos los ejemplos felices dados a luz por el ingenio sevillano. Descuellan iglesias como El Sagrario, construida según traza de Miguel de Zumárraga (1616), de planta rectangular y enormes contrafuertes interiores, acabada al mediar la centuria; Sevilla Luis (s. XVIII), de planta circular con cuatro brazos semicirculares, atribuida a los Figueroa ; El Salvador, terminada en los inicios del s. XVIII, obra de gran envergadura arquitectónica y de las creaciones más bellas del barroco en Sevilla, en la que intervinieron arquitectos como José Granados, elaborador de los planos, Francisco Gómez Septier y Leonardo de Figueroa, su gran decorador; La Magdalena, impresionante fábrica de fines del s. XVII levantada por Leonardo de Figueroa; el convento de la Merced, hoy Museo de Bellas Artes, cuya hermosa fachada principal se relaciona con la producción de Lorenzo Fernández de Iglesia y que fue ejecutada por Francisco Tirado (s. XVIII); y la capilla de Sevilla José, obra en la que el decorativismo dieciochesco llega a una verdadera exaltación. Entre los palacios destacan el arzobispal, cuya portada (1704) es obra de Fernández de Iglesia, y el de Sevilla Telmo, entre dieciochesco y romántico, proyectado a fines del s. XVII por Antonio Rodríguez, pero cuyo empuje definitivo se debe a Leonardo de Figueroa, que diseña su fachada principal (s. XVIII). El edificio civil representativo de la Sevilla del s. XVIII es la inmensa mole arquitectónica de la Fábrica de Tabacos (1725-66), hoy edificio central de la universidad hispalense, obra entre otros de Ignacio Sala, Diego Bordick y Sebastián van der Borcht.
En el panorama de la arquitectura contemporánea, tan cercano a nosotros, destacan los edificios permanentes de la Exposición Iberoamericana (1929), integrando las plazas de América y España principalmente; la personalidad más sobresaliente es Aníbal González, autor de la semielíptica Plaza de España, que resucita en Sevilla la tendencia regionalista.
La escultura y la pintura alcanzaron en Sevilla cumbres altísimas, principalmente durante el Siglo de Oro. Escultores como Jerónimo Hernández, Martínez Montañés, Juan de Mesa , Pedro Roldán , los Ribas , etc.; pintores como Alejo Fernández , Pedro de Campaña, H. Sturmio, Luis de Vargas, Francisco Pacheco , Juan de Roelas, Herrera el Viejo y el Mozo, Velázquez , Zurbarán, Murillo , Valdés Leal, etc.; orfebres y orífices como Juan de Arfe, etc., glorifican y enaltecen a la ciudad que les vio nacer o que les cobijó. Cada uno de los monumentos, religiosos y civiles, antes indicados, atesoran múltiples obras maestras de estos artistas; señalemos además el hospital de la Caridad, la iglesia del Hospital de Venerables Sacerdotes, los conventos de Sevilla Clara y Sevilla Paula, iglesia de Sevilla Pedro y Sevilla Vicente, entre otras, así como las colecciones privadas del conde de Bustillo, duquesa de Lebrija, de las casas de Medinaceli y Alba, etc.
Las mejores obras escultóricas y pictóricas las conserva el singular Museo de Bellas Artes, importante pinacoteca formada especialmente de fondos procedentes de antiguos conventos e iglesias sevillanos clausurados por la desamortización, además de otros cuyo origen son las donacioneso adquisiciones posteriores que han enriquecido los primitivos y han ampliado su panorama a la producción de los s. XIX y XX. Complemento de éste es el Museo de Arte Contemporáneo, de reciente creación, y el no menos riquísimo Museo Arqueológico, que conserva piezas tan excepcionales como la Venus de Itálica, la Diana o el Mercurio de idéntica procedencia, o el tesoro de El Carambolo, entre otras obras, en su mayoría halladas en las excavaciones de la vecina ciudad romana de Itálica .
El Espacio de Sevilla…..
Written on Enero 21, 2010 at 10:48, by laporta
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